Casi todos los proyectos de automatización que arrancamos empiezan por el mismo lugar, aunque el rubro cambie: la consulta entrante. Es el punto donde más plata se pierde y donde la mejora se nota en la primera semana.
Los disparadores
Dos puertas de entrada. La primera es WhatsApp, que en Argentina concentra la enorme mayoría de las consultas comerciales. La segunda es el formulario del sitio, que llega por webhook. Ambas desembocan en el mismo lugar, así que no hay dos procesos paralelos que mantener.
La clasificación
El mensaje pasa por un modelo de lenguaje que hace una sola cosa: entender qué quiere la persona. No redacta la respuesta todavía. Separar clasificación de redacción es lo que permite auditar el sistema cuando algo sale raro, porque podés ver exactamente en qué categoría cayó cada consulta.
- Consulta de precio
- Responde con la información disponible y ofrece coordinar una llamada.
- Consulta de disponibilidad
- Chequea contra la base y contesta con el dato real.
- Consulta compleja
- Deriva a un humano y avisa al equipo por Slack con el contexto completo.
Las acciones
De la derivación salen tres ramas que corren en paralelo: la respuesta al cliente, la creación del lead en el CRM y la notificación al equipo. Que corran en paralelo importa, porque si el CRM está caído el cliente igual recibe su respuesta.
El flujo programado
Aparte del flujo reactivo hay un segundo flujo, mucho más simple, que corre todas las mañanas a las nueve y manda un reporte por mail: consultas del día anterior, cómo se clasificaron y cuáles quedaron sin responder. Es el que hace que el sistema no se convierta en una caja negra.
Una automatización que nadie mide es una automatización en la que nadie confía.
A partir de esta base, cada negocio suma lo suyo: sincronización de inventario, facturación, recordatorios de turno. Pero la columna vertebral casi siempre es la misma, y por eso se puede implementar en una o dos semanas en lugar de en dos meses.